Mentalidad emprendedora en adolescentes: guía para padres
Emprendimiento
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Mentalidad emprendedora en adolescentes: guía para padres

Recuerdo el día que mi hijo llegó a casa con una hoja cuadriculada donde había dibujado un "plan de negocios" para vender limonada en el vecindario. Tenía ocho años. Lo primero que pensé fue en decirle que esperara, que era muy pequeño, que ya habría tiempo. Me callé. Y gracias a eso, aprendí más sobre emprendimiento juvenil en esa tarde que en varios meses de lecturas.

El emprendimiento para jóvenes no empieza con un curso ni con una app. Empieza cuando un padre decide no apagar la chispa. Si tu hijo adolescente muestra señales de querer crear, vender, resolver problemas o simplemente hacer las cosas a su manera, lo que necesita no es que lo frenes hasta que "sea mayor". Necesita que le des herramientas reales para canalizar eso.

Lo que he visto trabajando con familias es que la mentalidad emprendedora no se "enseña" como se enseña geografía. No es una materia con temario. Se cultiva, se estimula, y sobre todo, se respeta cuando aparece. Muchos padres la confunden con ambición o con querer ganar dinero, y no es eso.

Emprendimiento para jóvenes: qué significa tener mentalidad emprendedora

Mucha gente asocia emprendimiento juvenil con montar un negocio, ganar dinero, hacerse famoso a los 16 años. Y aunque eso puede pasar (y a veces pasa), no es el punto de partida.

La mentalidad emprendedora en un adolescente se parece más a esto: ven un problema y en vez de quejarse, piensan en cómo resolverlo. Toleran mejor la frustración cuando algo no sale bien a la primera. Se interesan por cómo funcionan las cosas por dentro. Cuestionan. Proponen.

Eso es lo que busco cuando trabajo con jóvenes. No que sean mini-CEOs. Que sean personas capaces de pensar con autonomía.

Una opinión que suelo compartir y que no siempre cae bien: creo que el sistema escolar, en general, no solo no desarrolla esta mentalidad sino que la entrena en sentido contrario. Enseña a seguir instrucciones, a dar la respuesta "correcta", a no salirse del guión. Y eso tiene valor, claro. Pero si queremos jóvenes que puedan construir algo propio en el futuro, tenemos que compensar eso en casa.

Por qué la adolescencia es el momento ideal (aunque parezca el peor)

Hay padres que me escriben preocupados porque su hijo de 14 años cuestiona todo, discute, tiene ideas "poco realistas". Y yo les digo: eso es exactamente lo que necesitas. Aprovéchalo.

La adolescencia es el período en que el cerebro está literalmente reconfigurándose para asumir más riesgos, explorar identidades y buscar autonomía. Es un período crítico para establecer patrones de pensamiento y conducta que se mantienen en la adultez. Eso que a veces vivimos como rebeldía es, visto desde otro ángulo, el combustible perfecto para emprender.

El problema no es el adolescente. El problema es que nadie le da un cauce a esa energía.

Si esperas a que "madure" para empezar a hablar de proyectos, ideas y responsabilidad, vas a esperar demasiado. La ventana está abierta ahora.

Un parentesis sobre el aburrimiento

Antes de seguir, quiero meterme en un tema que me parece fundamental y que casi nadie relaciona con el emprendimiento: el aburrimiento. Vivimos obsesionados con que nuestros hijos esten siempre estimulados, con actividades, pantallas, planes. Pero los momentos de aburrimiento son donde nacen las mejores ideas. Yo he visto a chavales inventar proyectos increibles un sabado por la tarde en el que "no habia nada que hacer". Si llenas cada hueco con entretenimiento, le quitas al cerebro el espacio que necesita para crear. Asi que si tu hijo se aburre, resiste la tentacion de solucionarlo. Dejale aburrirse un rato. Puede que te sorprenda lo que sale de ahi.

Señales de que tu hijo tiene potencial emprendedor (muchas pasan desapercibidas)

No todas las señales son obvias. Muchos padres pasan por alto indicadores clarísimos porque no encajan con la imagen que tienen de "un emprendedor".

Las señales evidentes

Se aburre en clases rutinarias pero se engancha cuando hay un proyecto real. Organiza cosas sin que nadie se lo pida (un evento, un grupo, una actividad). Tiene ideas constantemente y las comparte aunque nadie las pidiera.

Las señales que casi nadie menciona

Negocia. Desde pequeños, los futuros emprendedores aprenden a obtener lo que quieren a través de acuerdos. Si tu hijo siempre encuentra la manera de llegar a un "trato", eso es habilidad, no manipulación.

Se frustra mucho cuando las cosas no se hacen "bien". Esa perfeccionismo... bueno, no siempre es positivo, y aquí viene la contradicción que no voy a resolver: a veces esa exigencia es el motor, pero otras veces es lo que paraliza. No sé exactamente dónde está la línea.

Le interesa saber cuánto cuestan las cosas y por qué. Si tu hijo pregunta "¿por qué ese producto vale tanto si se fabrica barato?", está pensando como emprendedor.

Cómo trabajar la mentalidad emprendedora según la edad

Esto es lo que más me preguntan. Y lo que más me frustra responder, porque la edad es solo una referencia. Hay adolescentes de 13 años más maduros emocionalmente que algunos de 17. Pero bueno, acá va una guía por etapas.

  1. De 10 a 13 años: identificar problemas del entorno y proponer soluciones creativas
  2. De 13 a 16 años: proyectos reales con consecuencias, ventas y servicios al vecindario
  3. De 16 a 18 años: emprendimientos con estructura, gestión de dinero propio y responsabilidad real

De 10 a 13 años: construir la base

A esta edad no hablamos de negocios. Hablamos de problemas y soluciones.

Una actividad que funciona muy bien: pedirle que identifique un problema en su entorno (en casa, en el colegio, en el barrio) y que proponga tres formas de resolverlo. No importa si las soluciones son perfectas. El ejercicio es que el cerebro empiece a moverse en esa dirección.

También es buen momento para introducir conceptos básicos de dinero (si no lo has hecho antes, te recomiendo leer qué es la educación financiera para niños porque tiene mucho que ver con cómo piensan los emprendedores sobre el valor de las cosas).

De 13 a 16 años: experimentar con proyectos reales

Acá sí podemos hablar de proyectos concretos. No tienen que ser negocios con facturación. Pueden ser proyectos de impacto, iniciativas en el colegio, servicios para el vecindario.

Lo que importa en esta etapa es que haya consecuencias reales, aunque sean pequeñas. Si organiza una venta de objetos usados y gana 20 euros, eso vale más que cualquier simulación. Si fracasa y no vende nada, también.

Frases que puedes usar con ellos en este período:

  • "¿Qué harías diferente si lo intentaras de nuevo?"
  • "¿A quién le soluciona un problema tu idea?"
  • "¿Cómo sabes que alguien pagaría por esto?"

Evita: "eso no va a funcionar" y también "¡qué idea tan brillante!" (los dos extremos bloquean el pensamiento crítico real).

De 16 a 18 años: proyectos con mayor responsabilidad

Acá hay ideas de pequeños negocios que tu hijo adolescente puede montar desde casa o en su entorno, y que implican un nivel de compromiso real. A esta edad pueden gestionar dinero propio, tomar decisiones con consecuencias tangibles y empezar a entender cosas como clientes, costos y valor percibido.

Lo que yo sugiero en mis formaciones: que los padres actúen como "inversores amigos". No como socios que hacen la mitad del trabajo, pero tampoco como espectadores. Haz preguntas. Muéstrate curioso. Que tu hijo te tenga que explicar su proyecto te ayuda a ti a entenderlo y a él a clarificarlo.

(Hay un ejercicio que se llama "la técnica Feynman" y que consiste básicamente en explicar algo complicado como si se lo explicaras a alguien que no sabe nada. Yo lo aplico constantemente en mis talleres, y lo menciono aquí aunque sea un poco fuera de tema, porque creo que es una de las herramientas más subestimadas para desarrollar pensamiento claro, y los adolescentes la adoptan muy rápido cuando la descubren.)

Errores comunes que cometen los padres bien intencionados

El error más repetido que encuentro entre mis alumnos: el padre o la madre quiere tanto que su hijo tenga éxito que termina haciendo el proyecto por él. Diseña el logo, habla con los clientes, gestiona el dinero. Y al final el hijo aprende a depender, no a crear.

Otro error muy habitual: convertir cada fracaso en lección magistral. Cuando algo no sale bien, el instinto paternal es explicar qué salió mal, qué debió haberse hecho, qué hay que aprender. Y a veces hay que callarse y dejar que el adolescente llegue solo a esas conclusiones. O que no llegue todavía. El tiempo también enseña.

El tercero, y quizás el más dañino: ridiculizar la idea antes de que empiece. "¿Quién te va a comprar eso?" dicho con ese tono que todos conocemos. Esa frase mata más proyectos que el fracaso real.

Si quieres entender más a fondo por qué pasa esto, te recomiendo leer el error más común al educar hijos emprendedores. Hay un patrón concreto que se repite mucho y que cuesta muy poco corregir una vez que lo ves.

La parte que nadie quiere escuchar

Hay adolescentes que no van a emprender. Y no pasa nada. Lo digo porque a veces en este mundillo del emprendimiento juvenil se vende la idea de que todos los chavales deberían tener un negocio o un proyecto, y eso es tan absurdo como decir que todos deberían jugar al futbol. La mentalidad emprendedora es util para cualquier persona, tenga o no un negocio. Pero si tu hijo quiere ser medico, artista o funcionario, eso no es un fracaso. Es su camino.

Lo que si puedes darle, independientemente de lo que elija hacer, son herramientas para pensar con autonomia, para no depender de que alguien le diga que hacer en cada momento, y para saber que si algo no funciona puede buscar otra manera. Eso es emprender en el sentido mas amplio y mas honesto de la palabra.

La comunicación lo cambia todo

Trabajar la mentalidad emprendedora con tu hijo adolescente tiene mucho de pedagogía, pero también tiene mucho de relación. Si tu hijo no siente que puede compartir sus ideas contigo sin ser juzgado, ninguna actividad va a funcionar.

Cuando leí Cómo Hablar para que los Niños Escuchen de Adele Faber entendí que la conversación con un adolescente sobre sus proyectos no debería parecerse a una evaluación de negocio. Debería parecerse más a una lluvia de ideas entre dos personas curiosas. El libro tiene técnicas muy concretas para esto que yo he adaptado en mis talleres y que funcionan también fuera del contexto emprendedor.

La inteligencia emocional juega un papel enorme aquí. Un adolescente que no sabe gestionar la frustración, el miedo al ridículo o la presión del grupo va a tener muy difícil sostener cualquier proyecto. Para trabajar ese lado, el libro Inteligencia Emocional para Niños de Daniel Goleman (en su versión adaptada) tiene ejercicios que puedo decir con certeza que sirven porque los he usado.

Actividades concretas para empezar esta semana

No tienes que esperar a que tu hijo "esté listo" ni a terminar de leer diez libros sobre el tema. Estas cuatro cosas puedes proponerlas esta semana:

  1. El ejercicio del problema del vecindario. Pregúntale qué problema ve en su entorno que nadie está resolviendo bien. Escucha sin interrumpir.
  2. Darle un presupuesto real para algo. Que organice una cena familiar, que compre los ingredientes, que gestione el cambio. Hay mucho aprendizaje en eso. (Para esto también puedes revisar cómo enseñar a gestionar dinero con presupuestos para niños.)
  3. Pedirle que te explique algo que sabe mejor que tú. Un juego, una red social, una tecnología. Que asuma el rol de experto desarrolla autoconfianza de una forma que pocos ejercicios logran.
  4. Ver juntos un documental sobre alguien que construyó algo desde cero. Sin convertirlo en clase. Solo como experiencia compartida.

Si quieres algo más estructurado por rango de edad, tengo un artículo con actividades de emprendimiento para niños por edades que cubre desde los más pequeños hasta la adolescencia tardía.

También te dejo este recurso de la Organización Internacional del Trabajo sobre habilidades para jóvenes que tiene datos interesantes sobre qué competencias están buscando los empleadores y emprendedores jóvenes a nivel global. Lo menciono porque a veces ayuda ver el panorama más amplio para entender por qué estas habilidades importan tanto.

Llevo años trabajando con jóvenes y todavía hay casos que me desconciertan, adolescentes que tienen todo el potencial del mundo y algo se tranca en algún punto que no logro identificar. Lo que sí sé es que la diferencia más grande no la hace el programa, ni el libro, ni la actividad concreta. La hace el adulto que está al lado diciéndole, aunque sea con el silencio: "yo creo que puedes".

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Yugeydi Fernandez — Directora de EntreKlass & Mentora de Emprendedores

Escrito por

Yugeydi Fernandez

Directora de EntreKlass & Mentora de Emprendedores

Directora de EntreKlass y fundadora de Expo Feria Emprendedora. Más de 8 años formando emprendedores y mentora en soymentora.com.

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