Cómo un docente enseña emprendimiento a niños
Emprendimiento
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Cómo un docente enseña emprendimiento a niños

Hay una historia que me contaron hace un par de años que no pude sacarme de la cabeza. No era sobre Silicon Valley ni sobre ningún programa millonario de educación. Era sobre un salón de clases en Venezuela, con recursos limitados, con niños de entre 10 y 14 años, y con un profesor que decidió que sus alumnos merecían aprender algo diferente.

Emprendimiento en el aula: qué pasó en ese salón de clases

Lo que hizo ese docente fue simple en concepto pero difícil en ejecución: convirtió su salón en un mercado. Cada alumno tenía que identificar un problema real en su comunidad y proponer una solución que alguien estuviera dispuesto a pagar. No monografías. No presentaciones vacías. Productos reales, servicios reales, dinero real (aunque fuera simbólico). En pocas semanas, sus alumnos habían desarrollado habilidades que muchos adultos nunca adquieren: negociar, fallar, ajustar, y volver a intentarlo.

Cuando escuché esa historia por primera vez, pensé en todos los padres que me escriben preguntando cómo enseñarles estas cosas a sus hijos. Y pensé: esto es exactamente lo que deberíamos estar replicando.

Llevo más de ocho años formando emprendedores. Antes de crear EntreKlass, trabajé años como contadora viendo cómo personas con talento tomaban decisiones financieras y de negocios terribles, no porque fueran tontas, sino porque nadie les había enseñado a pensar así desde pequeños. Eso me obsesionó. Y eventualmente, me llevó a enfocarme en los más jóvenes.

Por qué esta historia importa más de lo que parece

Venezuela no es el país que uno imagina cuando piensa en innovación educativa. Y eso es exactamente lo que hace que esta historia sea relevante para todos nosotros, ya seas madre en Bogotá, padre en Ciudad de México, o familia emigrante en Madrid.

El docente del que hablo, y no voy a ponerle nombre porque no tengo manera de verificar todos los detalles de cómo me llegó la historia, no tenía tablets, ni apps, ni presupuesto especial. Tenía un salón, tiempo, y la convicción de que sus alumnos podían aprender a resolver problemas reales.

Eso es todo lo que se necesita. Y sin embargo, la mayoría de los sistemas educativos del mundo hispanohablante siguen priorizando memorizar fechas históricas sobre aprender a manejar una conversación difícil o entender por qué un negocio fracasa.

Organismos internacionales de educación llevan años señalando que las competencias del siglo XXI, entre ellas el pensamiento crítico y la capacidad de emprender, deberían estar integradas al currículo desde primaria. Pero reconocer algo en un documento y ejecutarlo en el aula son dos mundos distintos.

Qué hizo exactamente este docente (y qué puedes replicar tú)

Según lo que me contaron, el enfoque tenía cuatro fases. Las comparto porque son perfectamente trasladables a casa:

Identificar el problema. Los alumnos tenían que caminar por su barrio durante una semana y anotar tres problemas que veían. No problemas abstractos como "la pobreza" o "la contaminación global", sino problemas concretos: "las señoras del mercado no tienen bolsas para su mercancía" o "los niños no tienen dónde estudiar por las tardes porque sus casas son ruidosas".

Proponer una solución viable. No cualquier solución. Una que alguien pudiera pagar. Esto es clave. Porque cuando obligas a un niño a pensar en quién pagaría por su idea, de golpe tiene que ponerse en los zapatos de otra persona. Eso es empatía. Eso es mercadeo. Eso es pensamiento crítico, todo al mismo tiempo.

Ejecutar algo pequeño. No un plan de negocios de 40 páginas. Algo pequeño que pudieran hacer esa semana con lo que tenían. Un servicio de mensajería entre vecinos. Un cuadernillo con recetas de cocina rápida. Limpiar patios los sábados. Pequeño, concreto, real.

Revisar y ajustar. Esta fue la parte más valiosa. El docente no premiaba el éxito. Premiaba el análisis del fracaso. Si tu idea no funcionó, ¿por qué no funcionó? ¿Qué cambiarías? ¿Qué aprendiste de quien dijo que no?

Si quieres empezar algo similar en casa, el artículo sobre proyecto de negocio para niños: ideas reales por edades te da un punto de partida muy concreto según la edad de tu hijo.

La parte que nadie cuenta de estas historias inspiracionales

Aquí quiero ser honesta, porque me incomoda cuando estas historias se cuentan como si todo hubiera salido perfecto.

No todos los alumnos de ese salón se convirtieron en emprendedores., me contaron que varios padres protestaron porque sentían que el docente estaba "perdiendo el tiempo" con actividades que no iban a aparecer en los exámenes nacionales. Hay una tensión real ahí que no tiene solución fácil, y que cualquier padre que haya intentado enseñar algo fuera del currículo oficial conoce bien.

Esa tensión, entre lo que prepara a un niño para los exámenes y lo que lo prepara para la vida, no desaparece porque leamos una historia inspiradora. Está ahí. Y a veces tienes que elegir.

En mi experiencia trabajando con familias, los hijos cuyos padres priorizan habilidades de vida tienden a tener una relación más sana con los errores. No siempre sacan mejores notas al principio, ojo. Pero desarrollan una capacidad de adaptación que vale oro cuando llegan a la adolescencia y el mundo real empieza a exigirles más que respuestas correctas.

Cómo aplicar esto en casa según la edad de tu hijo

Una cosa es admirar lo que hizo ese docente en su salón. Otra es llevar esa energía a tu casa con tus hijos.

Con niños de 7 a 10 años

A esta edad, el objetivo no es que monten un negocio. El objetivo es que empiecen a ver problemas como oportunidades, no como quejas. Puedes empezar con algo tan sencillo como preguntarles en la cena: "¿Qué problema viste hoy?" Y luego: "¿Cómo lo resolverías si tuvieras que cobrar por la solución?"

No esperes respuestas brillantes. Espera respuestas divertidas, descabelladas a veces, y úsalas para conversar. Eso ya es educación emprendedora.

También puedes explorar las ideas del artículo sobre startups familiares y proyectos de negocio con hijos en verano, que tiene actividades muy bien adaptadas para estas edades.

Con niños de 11 a 14 años

Aquí ya puedes pedirles que ejecuten algo. Que diseñen un servicio para los vecinos. Que vendan algo que hayan hecho. Que propongan una solución a un problema del colegio y la presenten ante los compañeros.

El componente financiero empieza a importar más. ¿Cuánto cuesta producir lo que quieren ofrecer? ¿A cuánto lo venden? ¿Qué pasa si les sale más caro de lo que pensaban?

El Hombre Más Rico de Babilonia de George S. Clason es una lectura perfecta para esta etapa, porque cuenta las lecciones financieras como fábulas que un chico de 12 años puede entender y recordar. Lo he recomendado decenas de veces y siempre genera conversaciones interesantes en familia.

Con adolescentes de 15 a 18 años

A esta edad, el docente venezolano habría tenido alumnos listos para proyectos más complejos. Un negocio real, aunque sea pequeño. Un proyecto social con impacto medible. Una propuesta de solución a un problema comunitario presentada ante adultos de verdad.

Lo que más noto en adolescentes que han tenido este tipo de formación es que pierden el miedo al "no". No todos, claro. Pero hay un patrón que he visto repetirse: cuando un chico ha fallado en algo pequeño y lo ha procesado bien, los fracasos grandes no lo paralizan de la misma manera.

Para esta etapa, Padre Rico, Padre Pobre para Jóvenes de Kiyosaki en su versión juvenil puede ser un complemento poderoso, sobre todo para que empiecen a pensar en cómo el dinero trabaja para las personas y no al revés.

Si tienes un adolescente en casa y quieres entender mejor cómo acompañar este proceso, el artículo sobre mentalidad emprendedora en adolescentes tiene una guía bastante completa para padres.

Niñas en uniforme compartiendo ideas de negocio en el salón de clases

El error que cometen los padres bienintencionados

He visto este patrón decenas de veces: el padre o la madre se entusiasma con la idea, le explica el proyecto a su hijo con toda la energía del mundo... y luego, sin darse cuenta, termina haciéndolo todo.

El niño decora el logo. El padre hace las cuentas, negocia con los vecinos, resuelve los problemas que surgen. Y al final el hijo "tuvo su primera experiencia de emprendimiento" sin haber tomado una sola decisión difícil.

Eso no es emprendimiento. Es teatro de emprendimiento. Y los niños lo saben, aunque no lo digan.

La clave está en acompañar sin resolver. En hacer preguntas en vez de dar respuestas. "¿Y si eso pasa, qué harías?" es mil veces más valioso que "yo creo que deberías hacer esto."

(, hay momentos en los que el hijo tiene 8 años y lleva tres días sin avanzar y la tentación de intervenir es enorme. No tengo una respuesta perfecta para eso. A veces intervengo yo también con mis hijos y luego me arrepiento. Tampoco soy un ejemplo impecable de esto, para ser clara.)

Lo que la historia de ese docente me recuerda cada vez que la pienso

Creo que lo que más me impacta de esa historia no es el método. Es la apuesta. Ese docente decidió que sus alumnos merecían aprender a pensar diferente, aunque el sistema no lo pidiera, aunque los padres no lo entendieran del todo, aunque no tuviera recursos.

Esa apuesta es la misma que hacemos los padres cuando decidimos enseñarle a nuestros hijos a identificar oportunidades de negocio, a manejar su dinero, a levantarse después de un fracaso. No siempre va a salir bien. No siempre van a agradecer la lección en el momento.

Pero alguien tiene que apostar por ellos. Y esa persona eres tú.

Si algo de lo que leíste hoy te generó más preguntas que respuestas, bien. Así debería ser. La educación emprendedora no es un manual con pasos del 1 al 10. Es una forma de ver el mundo que se construye poco a poco, con conversaciones en la cena, con proyectos que fracasan, con hijos que aprenden a levantarse. Empieza por donde puedas. Hoy.

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Yugeydi Fernandez — Directora de EntreKlass & Mentora de Emprendedores

Escrito por

Yugeydi Fernandez

Directora de EntreKlass & Mentora de Emprendedores

Directora de EntreKlass y fundadora de Expo Feria Emprendedora. Más de 8 años formando emprendedores y mentora en soymentora.com.

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