Actividades de emprendimiento para niños por edades
Emprendimiento
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Actividades de emprendimiento para niños por edades

Hay una conversación que tengo repetida en mi cabeza desde hace años. Una mamá me escribió después de un taller diciendo que su hijo de nueve años le había preguntado: "¿Por qué tengo que aprender cosas que no sirven para nada?" Ella no supo qué responderle. Yo tampoco tenía una respuesta perfecta para darle, pero sí tenía algo mejor: actividades concretas para empezar a cambiar esa conversación en casa.

Las actividades de emprendimiento para niños no requieren material especial, ni cursos caros, ni que tú sepas de negocios. Requieren intención y un poco de tiempo. Con eso, se puede hacer mucho desde la cocina, el patio o la mesa del comedor.

Qué significa realmente "emprendimiento" para un niño

Cuando los padres escuchan la palabra "emprendimiento", muchos piensan en startups, apps o en criar al próximo empresario millonario. Eso no es lo que yo busco, y probablemente no es lo que tu hijo necesita ahora mismo.

El emprendimiento en niños tiene más que ver con aprender a identificar un problema, pensar soluciones y tomar acción, que con montar un negocio formal. Estamos hablando de desarrollar una mentalidad. La misma que, en mi experiencia de más de ocho años formando emprendedores, separa a quienes encuentran oportunidades de quienes esperan que las cosas pasen.

Si quieres entender mejor qué habilidades concretas va a necesitar tu hijo para moverse bien en el mundo que viene, te recomiendo leer ¿Qué habilidades necesitarán los niños en el futuro? porque cambia bastante la perspectiva de lo que vale la pena enseñar.

Por qué la casa es el mejor lugar para empezar

La escuela tiene sus limitaciones. No es culpa de los maestros, es estructura. Los currículos están diseñados para transmitir conocimiento, no para que los niños experimenten con el fracaso, ajusten sus ideas y vuelvan a intentarlo. Eso solo pasa en entornos donde hay confianza y tiempo sin presión de calificación.

Tu casa tiene eso.

He visto este patrón decenas de veces con mis alumnos: los que llegan con más disposición al riesgo, a proponer ideas aunque suenen raras, suelen ser los que tuvieron algún espacio en casa donde equivocarse no era un problema. No necesariamente tuvieron padres "emprendedores". Tuvieron padres que no los rescataban de cada error.

(Eso me recuerda algo que va un poco por las ramas pero creo que vale: muchos padres que conozco, especialmente los que tienen hijos muy capaces, tienden a sobreexplicar y a dar la solución antes de que el niño la busque. Lo hacen por amor, claro. Pero esa costumbre, que empieza con tareas de matemáticas, termina siendo un patrón que los niños llevan hasta los 25 años cuando no saben tomar decisiones sin validación externa. Lo digo sin juzgar porque yo misma lo he hecho con mis hijos.)

Actividades por edad: de 7 a 18 años

Para niños de 7 a 10 años: sembrar la mentalidad

A esta edad el objetivo no es que aprendan a "vender". El objetivo es que empiecen a observar el mundo con otra lente. Que noten problemas. Que se pregunten cómo se podría hacer algo mejor.

El diario de observaciones. Dale a tu hijo un cuadernito y pídele que durante una semana anote "cosas que le molestan" o "cosas que podrían ser mejores". Al final de la semana, revisen juntos la lista. No para darle soluciones, sino para preguntarle: ¿y tú cómo lo arreglarías? Escucha sin corregir.

El puesto de algo. Clásico, pero funciona. No tiene que ser limonada. Puede ser dibujos personalizados, marcapáginas hechos a mano, o vender galletas que horneen juntos. Lo que importa no es cuánto ganan, sino las preguntas que surgen: ¿por qué no compraron? ¿qué podría mejorar? ¿cómo se sentiste cuando alguien dijo que no?

El "¿para qué sirve esto?" En el supermercado, en el autobús, en casa: pregúntale a tu hijo por qué crees que ese producto existe o ese servicio se creó. Estás entrenando su capacidad de ver valor donde otros ven objetos normales.

A esta edad también recomiendo mucho el libro Niños Emprendedores de Raimon Samsó, que tiene ejercicios prácticos adaptados exactamente a estas edades y usa un lenguaje que los propios niños pueden leer solos a partir de cierta edad.

Para niños de 11 a 14 años: proyectos reales con presupuesto real

Aquí ya podemos hablar de dinero con más detalle, de costos, de ganancia, de lo que significa que un proyecto "funcione" o no.

El proyecto de micro-negocio familiar. Deja que tu hijo proponga un servicio o producto que pueda ofrecer en el vecindario o entre conocidos. Pon una condición: tiene que presentártelo como si tú fueras su "inversionista". Que explique qué necesita, cuánto costará, cómo lo va a promover y qué ganará. No importa si el plan es imperfecto, mejor si lo es, porque el ejercicio real ocurre cuando tenga que ajustarlo.

La tienda online básica. Con supervisión, pueden aprender a vender en plataformas de segunda mano o incluso crear una cuenta en redes para mostrar lo que hacen. Dibujos, manualidades, tutoriales de algo que dominen. Lo que me parece más valioso de esto no es el dinero que generan, sino que aprenden a comunicar valor, que es una habilidad que les servirá toda la vida.

El presupuesto de un evento familiar. Si tienen una reunión, un cumpleaños, algo que organizar, pon a tu hijo a cargo del presupuesto. Dale una cantidad fija y deja que decida cómo distribuirla. Vas a ver cómo negocia, prioriza y toma decisiones bajo presión. Y vas a ver también dónde le fallan las habilidades financieras, lo cual es información valiosa.

Para este rango de edad, complementar con educación financiera para niños ayuda mucho a que las actividades de emprendimiento tengan un contexto de gestión del dinero más sólido.

Para adolescentes de 15 a 18 años: emprender de verdad

A esta edad ya pueden y deben tener proyectos reales. Proyectos que fallen, que se transformen, que a veces no lleguen a ningún lado. Eso también es emprender.

Proyecto de servicio en la comunidad. Que identifiquen un problema real en su barrio, escuela o entorno y propongan una solución. Puede ser digital o física. Lo importante es que pase por todo el ciclo: identificar el problema, investigar, proponer, probar, ajustar. Si quieres ver ejemplos concretos de negocios que funcionan para esta edad, en ideas de pequeños negocios que tu hijo adolescente puede montar hay opciones muy prácticas.

El "pitch" semanal. Una vez a la semana, durante cinco minutos, tu hijo te presenta una idea de negocio o de proyecto. Cualquier idea. Tú haces preguntas, no críticas. El objetivo es que pierdan el miedo a proponer, que desarrollen pensamiento rápido y que aprendan a defender sus ideas con argumentos.

Leer sobre mentalidad, no solo sobre negocios. Uno de los libros que más ha movido la perspectiva de mis alumnos adolescentes es Mindset: La Actitud del Éxito de Carol Dweck. No es un libro de emprendimiento, pero explica algo que yo veo constantemente: los adolescentes que creen que sus habilidades son fijas se rinden antes de empezar. Los que entienden que se pueden construir, lo intentan más veces.

Los errores que más veo en padres con buenas intenciones

El primero, y el más común: intervenir demasiado rápido. Cuando el proyecto del niño va mal, el instinto paterno dice "ayúdalo". Y sí, pero espera un poco. Deja que el problema esté presente unos minutos, que tu hijo lo sienta. Ese malestar es el maestro.

El segundo: comparar el resultado con el de un adulto. Si tu hijo de 10 años monta su primer puesto y vende solo dos galletas, eso es un éxito. No lo compares con lo que podría haber vendido si el plan hubiera sido "mejor". Compáralo con lo que él mismo aprendió respecto a la semana anterior.

El tercero, y este me cuesta admitirlo porque yo misma caí en él: no dejar que fallen. He visto padres que llaman a sus amigos para comprarle cosas al hijo, que inflan el resultado para que el niño no se sienta mal. Eso protege el ego de hoy y debilita la resiliencia de mañana.

Sobre este tema específico hay un artículo que escribí que va directo al fondo: el error más común al educar hijos emprendedores.

Una cosa contraintuitiva que pocos padres consideran

La mayoría de los recursos sobre emprendimiento para niños se enfocan en enseñarles a ganar dinero. Yo creo que el foco debería estar en enseñarles a perderlo bien.

Que un niño entienda que invirtió 5 euros en materiales, vendió menos de lo esperado y "perdió" parte de esa inversión, y que ese proceso no sea una tragedia sino información, eso vale más que cualquier técnica de ventas que puedas enseñarle. La tolerancia al riesgo calculado es una habilidad que los adultos pagan muy caro no tener.

No tengo evidencia de que esto sea universalmente cierto, y sé que hay muchos factores en juego. Pero en mi experiencia, los emprendedores que más rápido aprenden son los que aprendieron temprano que perder no es el final.

Según la UNESCO, las habilidades del siglo XXI más valoradas incluyen el pensamiento crítico, la creatividad y la colaboración, todas ellas centrales en cualquier proceso de emprendimiento infantil bien estructurado.

Frases que puedes usar (y las que conviene evitar)

Cuando tu hijo te presente una idea, prueba estas:

"¿Cómo sabes que eso es un problema real para otras personas?" "¿Qué necesitarías para probarlo esta semana?" "¿Qué harías si nadie te compra en los primeros tres días?"

Evita estas:

"Eso no va a funcionar" (aunque pienses que es verdad). "Yo ya lo intenté y no funciona." "Mejor espera a ser más grande."

La diferencia no está en lo que dices. Está en si estás abriendo o cerrando la conversación.

Hay un ejercicio que complementa muy bien todo esto y que puedes hacer en paralelo: las actividades de pensamiento crítico para niños ayudan a que las ideas que tu hijo genera sean más sólidas desde el principio.

Cuándo esperar resultados

Esta es la pregunta que todos me hacen y la que más me cuesta responder honestamente: no lo sé con certeza.

He trabajado con familias donde los cambios se notan en semanas. He trabajado con otras donde el proceso toma meses y los padres se desesperan y abandonan. Lo que sí puedo decirte es que los resultados visibles (más iniciativa, menos miedo al error, mayor capacidad de proponer ideas) suelen aparecer después de que el proceso se vuelve rutina, no evento especial.

Una actividad de emprendimiento que haces una vez es una anécdota. Hecha una vez a la semana durante tres meses es un hábito.

No tengo una fórmula perfecta para darte. Sigo ajustando cómo trabajo con familias, sigo viendo cosas que no funcionan como esperaba, sigo aprendiendo. Pero lo que sí tengo claro es que los niños que aprenden a proponer, probar y ajustar desde casa, llegan al mundo adulto con algo que ninguna escuela les enseñó. Y eso, para mí, es suficiente razón para empezar hoy, aunque el primer intento salga mal.

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Yugeydi Fernandez — Directora de EntreKlass & Mentora de Emprendedores

Escrito por

Yugeydi Fernandez

Directora de EntreKlass & Mentora de Emprendedores

Directora de EntreKlass y fundadora de Expo Feria Emprendedora. Más de 8 años formando emprendedores y mentora en soymentora.com.

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